Obras caras, ¡pero FALSAS!


Las falsificaciones son grandes tentaciones y en diversas ocasiones parecen estar ligadas a historias peculiares. En 2006 Tatiana Khan, dueña de la galería Chateau Allegre, ubicada en Los Ángeles, pago tan solo $1,000 dólares a la artista Maria Apelo para que reprodujera La Femme Au Chapeau Bleu de Picasso. De acuerdo con Khan, la réplica le permitiría rastrear al ladrón de la pieza original. Apelo desconocía las verdaderas intenciones de la galerista, quien más tarde vendió la obra falsa por la friolera de ¡DOS millones de dólares!, mismos que invirtió en un lienzo de Willem de Kooning valorado en 720,000 dólares. Al momento de analizar la pieza, los expertos se sorprendieron por la similitud y el trabajo tan limpio que se había realizado.



Cuando en 2011 cerró una de las galerías más antiguas de arte comercial de Estados Unidos, Knodler & Co, ubicada en Nueva York, pasaron apenas unos días para que su directora, Ann Fredman, fuera citada en tribunales por la venta que había realizado de una pieza falsificada: Sin título (1950) de Jackson Pollock. ¿Cómo se supo? Los colores usados sobre la tela no existían en la época que el artista, supuestamente, la pintó.Y, recientemente, Gustavo Luna se preguntaba si vale más un Banksy pirata, imitado por el grupo organizado Sincura, en Londres.



Han van Meegeren contaba con un talento admirable: era capaz de imitar con gran destreza diversas obras de los grandes maestros de la historia del arte.


Debido a su enorme capacidad para falsificar, las pinturas pasaban como originales ante los ojos de los de coleccionistas y críticos.


En 1937 falsificó Los discípulos de Emaús de Caravaggio, que más tarde fue examinada por un experto que determinó su aparente autenticidad. Así, increíblemente, la pintura fue adquirida por la Rembrandt Society por cerca de $4 millones de dólares y más tarde donada al Museo Boijmans Van Beuningen de Róterdam.



En 2004 el famoso actor de cine Steve Martin compró en la galería parisiense Cazeau-Béraudière el cuadro Paisaje con caballos, atribuido al pintor expresionista de origen alemán Heinrich Campendonk.


Martin pagó 850 mil dólares por una pieza que resultó ser falsa.


Los autores de la imitación es un grupo de alemanes que, se estima, ganaron cerca de 15 millones de euros por sus falsificaciones.


En 2010, después de diversas pesquisas, los falsificadores finalmente fueron detenidos.




En 1983 John Myatt, calificado como el artista más fraudulento de la historia del arte, descubrió su talento para falsificar obras maestras cuando hizo una réplica de un cuadro de Picasso.


Tres años más tarde, en 1986, falsificó Musician’s Table de Juan Gris para el “Dr. Drewe”, un físico nuclear de nombre desconocido, quien fungió como su promotor artístico.


¡La pieza fue certificada por Christie’s en 25 mil libras!


Myatt fue detenido en 1993 después de haber sido denunciado por su propio cómplice, el Dr. Drewe. Después de doce meses en prisión (fue puesto en libertad por buena conducta y por contribuir a las investigaciones), el artista declaró que en la prisión lo llamaban Picasso.


En 2005 Myatt tuvo su primera exposición con obras originales, aunque se sigue reconociendo a sí mismo como un grandioso falsificador.



En abril de este año se descubrió una estafa que involucró a la galería Knoedler de Nueva York en la venta de obras falsificadas de artistas como Rothko, Jackson Pollock y Willem de Koonig, entre otros grandes, realizadas por el pintor chino Pei-Shen Quian.


Se calcula que las ganancias obtenidas hasta el momento del descubrimiento del fraude, aunque difícil de creer, eran de aproximadamente ¡80 millones de dólares!


Por ejemplo, la obra “Untitled” (Orange, red and Blue), supuestamente creada por Mark Rothko en 1955, fue adquirida por la exorbitante cantidad 7.2 millones de dólares por un coleccionista de arte.


Atento al escándalo por la falsificación, el realizador chino ha estando acaparando los reflectores por su cualidades técnicas logradas y así poder copiar grandes obras maestras de artistas de gran nombre.




Estimados lectores, esto de las falsificaciones parecerían historias de novelas, sin embargo son de vida real: hace ya algunos años, una gran amiga que tenía la necesidad de terminar de construir su casa, me dijo que subastaría con López Morton un par de obras que había adquirido en Sotheby´s de Nueva York. Decidió llevar solamente una escultura de Zúñiga. Dos días después me volvió a llamar alarmada... "Ricardo, ¡la escultura es falsa!".


Efectivamente era falsa, no correspondían las medidas catalogadas, así es que llamamos al corredor de arte que había entregado la obra y que en su momento la cambió hábilmente y le dijimos que la volviera a subastar. No dijo nada, sencillamente se la llevó y ¡fue subastada nuevamente!


Lo lógico fue que existía el original y la copia y los coleccionistas apostaban sobre la original -que era certificada y catalogada por la firma subastadora- y al momento de la entrega se cambiaba por la falsa, ¡increíble pero cierto!


Bien, ahí les dejo la lectura y ¡hasta la próxima!

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