El mito "José Luis Cuevas"

July 6, 2017

 

Ficción VS Realidad

 

“GENIO Y FIGURA HASTA LA SEPULTURA”

 

En un juicio, los testigos de los hechos no pueden ser de oídas, o sea el típico “a mí me dijo fulano que perengano hizo tal o cual cosa”. Tiene que estar presente al momento de los hechos o su testimonio no vale nada, equivale a cero.

 

Aclarado lo anterior, a mí nadie me ha contado nada, lo he presenciado y mi dicho es verdadero y en estas líneas escribo bajo mi humilde apreciación.

 

Ayer estuve presente en el Palacio de Bellas Artes para rendir homenaje póstumo al Maestro José Luis Cuevas y lamento sobremanera que un acto solemne se haya convertido en la continuidad de “dimes y diretes” generados principalmente por las hijas del Maestro Cuevas Maria José, Ximena y Mariana, nos guste o no aceptar esta realidad.

 

Los que asistimos escuchamos los gritos de “Bertha Bertha Bertha”, “las Cuevas” y “no están solas”. Cuando esto acontecía, observaba la cara de asombro y molestia de la secretaria de cultura María Cristina García Zepeda y a su vez la cordura y respeto que guardó en todo momento Beatriz del Carmen Bazán viuda de Cuevas. Me pregunto, ¿cuántos de estos gritones han sido “testigos presenciales” de los hechos? Porque incluso, ¡haber escuchado algo directamente de alguna de sus hijas es equivalente a ser un testigo de oídas! Y cada quien puede darle un sentido diferente a lo que escucha o peor aun cuando lo que escuchó ya viene de una repetición de distintas voces y donde seguramente aplicará el juego del “teléfono descompuesto”.

 

En un acto improvisado, fuera de cualquier protocolo, el escritor Homero Aridjis, quien se presentó como gran amigo del Maestro Cuevas, expresó que la partida de su amigo le dejaba un gran misterio, como el que rodeó a Nellie Campobello, diciendo al micrófono: “A mí me va a quedar para siempre el misterio de José Luis en los últimos años. Debo decirlo con toda sinceridad, yo vine a ver el cuerpo de José Luis Cuevas y me toca, con gran ironía, ver sus cenizas, y me digo: “¿Dónde está José Luis Cuevas? ¿Por qué lo cremaron tan rápidamente? Ese es el misterio de este día para mí, aparte de su muerte, que es dolorosa”. También dijo estar extrañado por diversos cambios que en los últimos años había mostrado Cuevas, incluso afirmo que parecía “secuestrado” y no conforme evocó aquella anécdota de Carlota, cuando enloqueció y se decía que le habían dado toloache. Y terminó diciendo —ante cierta insistencia que terminara su discurso de alguien que supongo era funcionaria de Bellas Artes- que: “Para mí, todos estos años ha sido patéticos porque una mente brillante, artística, con gran sentido del humor, de la amistad, de pronto se desvaneció. Esto será un misterio para los investigadores del arte mexicano”.

 

No dudo que Ardijis efectivamente haya sido gran amigo de José Luis Cuevas, porque según indicó lo visitaba con relativa frecuencia cuando estaba casado con Bertha Riestra. Sin embargo el Maestro Cuevas llevaba casado con Beatriz del Carmen 15 años, repito: ¡15 años! Y en quince años acontecen infinidad de hechos que van generando un estilo de vida y quien se base en un pasado tan antiguo para juzgar un presente ¡está fuera de lugar!

 

Tengo la fortuna de conocer y vivir de manera cercana y frecuente a los Maestros de la denominada “Ruptura” o de esa época, curando exposiciones individuales o colectivas de: Vicente Rojo, Manuel Felguerez, Toledo, Sebastian, Aceves Navarro, Roger von Gunten, Leonardo Nierman, Joy Laville, Luis López Loza, Guillermo Ceniceros, Arias Murueta y por supuesto de José Luis Cuevas, entre otros.

 

Salvo Sebastian y Ceniceros, los demás tienen edad superior a los 80 años y en el caso de Arias Murueta acaba de cumplir 90 o Joy Laville de 93. La mayoría de estos Maestros, creadores del arte mexicano contemporáneo, gozan de salud bastante aceptable y los menos en los dos últimos años estrepitosamente han decaído y lamentablemente, en su momento, al igual que Cuevas nos dejarán su legado artístico.

 

Algunos de ellos, gracias a la amistad y confianza que nos tenemos, me han llamado en momentos críticos y se han trasladado al hospital que les he recomendado por alguna situación de salud. Sus familiares, sean esposas, hijos o cuidadoras, siempre en la medida de lo posible están al pendiente y sería injusto echarles en cara que por esa deficiencia de salud —obviamente a los 80 años o más todo puede pasar- ¡los hayan drogado o secuestrado! Quién no entienda que al paso de los años las personas cambian de actividades, dejan de ser sociables, prefieren estar en casa, duermen más de lo acostumbrado, etc. lo único que busca con comentarios acusadores es protagonismo y más aún si lo que acusan no lo han presenciado.

 

Cuando se presentó y acrecentó esta lucha de sus hijas hacia Beatriz del Carmen en 2013, yo estuve personalmente acompañándola en Médica Sur porque me preocupó la manera en que los noticieros habían difundido “la noticia” y por eso acudí directamente al hospital. Solamente estábamos ella, el doctor que atendía a Cuevas y Cuevas mismo, nadie más. Escuché de viva voz de dicho doctor el diagnóstico y cuadro que presentaba el Maestro y ajeno totalmente a lo que se pasaba de voz en voz, de oídas…

 

Conviví con el Maestro celebraciones en restaurantes, platiqué con él infinidad de veces, presencié un hecho histórico como lo fue el momento en que, en una magna exposición histórica que curé para 9 Maestros, Sebastián me preguntó que si sabía en qué lugar del recinto estaba Cuevas; le indiqué que sí y me pidió que lo acompañara. Fuimos y José Luis Cuevas estaba sentado en una silla, junto a Beatriz del Carmen, firmando a quienes se lo pedían el catálogo de la exposición “Las Posibilidades de la Forma, Antología visual de entresiglos”; se paró frente a Cuevas —corpulento que es- y al percatarse de esto se levantó de la silla. Yo estaba preocupado porque ellos tenían un desacuerdo de hacía algunos años atrás y que había motivado su distanciamiento. Se miraron a los ojos, Sebastián solamente dijo: “Maestro” y extendió su mano hacia Cuevas, quien contestó por igual: “Maestro” y estrechó la mano de Sebastian; no se dijo más… ¡qué manera de haber sellado las paces!

 

Vi al Maestro Cuevas recurrir a su Museo a convivir con los niños en múltiples talleres, asistir a eventos altruistas, a recibir premios, en fin, incluso una entrevista —tal vez la última- que le hicimos Bety Garfias y yo hace un par de meses para la revista Líder México, en la cual yo colaboro con la columna cultural. Por igual en la última exposición individual que tuve oportunidad de curarle, a finales de 2016 y durante todo enero de 2017. También en la exposición colectiva que curé y participó en abril-mayo de 2017.

 

Y siempre estuve frente al Maestro, a un José Luis Cuevas entero, sin ningún indicio de haber bebido toloache o estar drogado, por el contrario lúcido, dueño de sus actos, a veces cansado o harto de la situación del país, disfrutando programas de televisión tan criticados como aquel que hace un par de años tenía Rocío Sánchez Azuara: “Cosas de la Vida”. Seguía dibujándose o leyendo libros. También recuerdo momentos divertidos, como la celebración que hicimos en octubre de 2014 por el reconocimiento que le otorgó el INBA al Maestro Gustavo Arias Muruetapor sus más de 50 años como artista y la curaduría que le hice en el Museo José Luis Cuevas. Fuimos a comer al restaurante “La Buena Fe” y se pasaron las horas y me sorprendió la cantidad de comensales que se acercaban a pedir autógrafos y que amablemente Cuevas los daba.

 

Ahora bien, en el ámbito familiar, los padres tratamos siempre de ver por el bienestar de nuestros hijos, que lo tengan todo y generalmente les toleramos sus excesos, sus noviazgos, sus preferencias sexuales, sus arrebatos, etc. pero en todo hay un límite y cuando ese límite se rebasa dolorosamente nos apartamos o incluso rompemos con la relación. Igual los hijos, nos toleran hasta el punto en que ellos quieren o bien deciden irse o de plano nos dejan de hablar. ¿Cuál es el caso de esta familia Cuevas? solamente ellos lo saben y deberían, como coloquialmente se dice, "lavar la ropa en casa", aunque en una ocasión todos fuimos conocedores, cuando López Doriga transmitía una rueda de prensa otorgada por Cuevas en 2013 y súbitamente apareció Ximena y se acercó al Maestro para “expresarle su amor” y la respuesta que tuvo y escuchamos decirle, en pocas palabras fue que “ella no lo quería, que no debía estar ahí”.

 

En fin, podría continuar porque vivencias hubo muchas, pero deseo concluir comentando que lamentablemente ayer en el Palacio de Bellas Artes no asistí a un Homenaje, sino a un capítulo más de una historia de Ficción. La pregunta es: ¿hasta cuándo dejarán descansar en paz a José Luis Cuevas?

 

De mi parte, Maestro, amigo, descansa en paz.

 

MFA Ricardo Camacho.

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